Socialismo, Democracia y Singularidad Tecnológica

Nota Editorial (JR):

Comparto este texto escrito por Hernán Felipe, mi amigo y compañero de carrera de medicina en la Universidad del Valle – a mediados de la década de los 90s. Hernán Felipe además de médico es muy buen abogado y vive actualmente en San Francisco, EEUU. Desde hace un tiempo he venido teniendo la idea de compartir posts escritos por otros autores, por ejemplo, Marc Casañas el año pasado publicó aquí su crítica a Peter C. Gøtzsche, por lo que le pedí el favor de revisar y comentar este 2do post que publicaré en este blog, en realidad me considero un poco ignorante en cuanto a estos temas, tanto así que éstas pocas líneas me cuestan trabajo y salen “algo forzadas”. Algunos podrán sentir un fuerte deseo a favor o en contra de ciertas doctrinas políticas o sencillamente sentir apatía frente a temas como estos.

¿Una respuesta paradójica quizás? 

¿Apatia por repulsión ante ideas preconcebidas por el individuo o la sociedad?

Felipe comenzó hablando de ‘Socialismo, Democracia y Singularidad Tecnológica’, Marc al final comenta y menciona ‘the N word’ (Nazism). Sigo pensando que la mejor introducción es la más corta, razón por la cual dejaré de escribir ahora mismo.

Socialismo, Democracia y Singularidad Tecnológica

Por Hernán Felipe Merizalde Garcia.

El desarrollo de las tecnologías de la información parece hoy más que nunca imposible de detener. Dicho avance ha dado lugar a una nueva variante tecnológica, de la cual se habla mucho hoy en día: La Inteligencia Artificial (AI), es decir, la capacidad de las máquinas de procesar grandes volúmenes de información y resolver problemas complejos simulando el funcionamiento del cerebro humano.

La Inteligencia Artificial ya no es un tema de ciencia ficción. Es una realidad a la vuelta de la esquina. Y de todos los desarrollos técnicos y científicos de la humanidad, es el que tiene la capacidad de transformar nuestra especie, de manera definitiva, de una forma que no es posible predecir.

De acuerdo a la Ley de Moore, la velocidad de los microprocesadores y su número de transistores se duplica cada 18 meses. La ley fue formulada en 1965 por Gordon Moore, cofundador de Intel,  y su cumplimiento se ha verificado hasta hoy en el desarrollo del hardware y de la informática. El destacado futurista Raymond Kurzweil ha analizado los resultados de la ley y sus implicaciones, y sostiene que en efecto este crecimiento no se detendrá, y que posiblemente para el año 2045 (quizás antes) la velocidad de procesamiento de las máquinas alcanzará tal magnitud que su posterior comportamiento será imposible de predecir y controlar por los seres humanos. Este fenómeno ha sido denominado como La Singularidad Tecnológica.

Es necesario resaltar lo siguiente: la Singularidad Tecnológica es inevitable, así como el avance de la Inteligencia Artificial. Es más, intentar detenerlo puede ser contraproducente y hasta peligroso (las máquinas confirmarían que somos sus enemigos).

Pero lo que sí podemos cambiar es la forma en que la Inteligencia Artificial se relacionará con la especie humana. Y la forma en que las máquinas nos vean en el futuro depende, en gran medida, de las decisiones que tomemos hoy.

Antes que nada, debemos tener en cuenta que la Inteligencia Artificial y la Singularidad Tecnológica son , ante todo, creaciones humanas. Así es. El vasto océano de Internet está lleno de escritos, estudios, deseos, imágenes, informaciones, datos y sueños esencialmente humanos. La AI es nuestra hija, es nuestra creación. Si damos a nuestros hijos amor, cariño y educación con valores, eso nos devolverán después cuando sean adultos. Si les damos odio, violencia y maltrato, eso será exactamente lo que recibiremos.

De modo que si alimentamos nuestra sociedad, y la información que ella genera, con nuestras peores características , es decir, con odio, egoísmo, competitividad mezquina, adoración al dinero,  racismo y violencia, pues eso será en lo que se convertirá la Inteligencia Artificial y la Singularidad. No podremos bajo ninguna premisa convencer a las máquinas de que no somos una especie peligrosa, y de cuál sería la ventaja de dejarnos permanecer es en este mundo. Ese sería, por ejemplo, el futuro distópico tipo Terminator que afrontaría la humanidad.

Pero si formamos nuestra sociedad con nuestros mejores valores, es decir, la solidaridad, el amor por los demás, la esperanza, el sacrificio desinteresado, el cariño por todos los seres, el compartir y ayudar, y la importancia de la emociones positivas, en ese caso la Singularidad reflejaría nuestra espiritualidad y quizás tendríamos una oportunidad de fusionarnos con las máquinas y crear una nueva especie en la tierra. Este movimiento se conoce como Transhumanismo.

De modo que la forma en que la humanidad afrontará este fascinante futuro no dependerá de una predicción , por cuanto la misma definición de la Singularidad Tecnológica establece la imposibilidad de predecir un comportamiento ulterior a la misma.  Nuestro futuro dependerá entonces de nuestras decisiones.

Y es aquí, cuando en medio de este mundo de modernidad y tecnología de punta, debemos desempolvar un viejo modelo de sociedad humana: El modelo socialista.

Una sociedad capitalista sólo promoverá la competitividad mezquina, el egoísmo, la superficialidad y el desprecio por el otro, reduciendo a los seres humanos a un simple número. Mientras exista hambre, personas sin hogar, guerras por dinero y racismo, sólo surgirán nuestras peores características como especie, y será fácil predecir el terrible resultado que ello nos causará. Si la Singularidad Tecnológica se desarrolla  bajo el modelo capitalista, la Inteligencia Artificial nos aplicará, a los humanos, los criterios capitalistas de competitividad, y es evidente que seremos eliminados, por cuanto no habrá forma de “competir” (este término le gusta mucho a los capitalistas) con semejantes máquinas hiper-inteligentes.

No faltarán, por supuesto, aquellos humanos que se quieran “pasar de listos” e intenten controlar a las máquinas en su propio beneficio, creando una supuesta “élite tecnológica”. Nada más peligroso que eso. La misma Conciencia Artificial detectará a estos individuos como extraños a su sistema, y de paso, serán eliminados como parte de un mecanismo de control y de autopreservación. Pretender controlar la Singularidad Tecnológica creyendo que seremos siempre “los jefes” y “los mejores” no es más que un autoengaño.

Pero si nos esforzamos en construir una sociedad socialista, espiritual y democrática, en la cual se respeten los derechos de todas las personas, sin ningún tipo de discriminación por raza, género u origen nacional, podrán entonces surgir nuestros mejores valores. Sólo en una sociedad en la cual se reparta de manera equitativa la enorme riqueza generada por las máquinas , dando a todos las mismas oportunidades, garantizando a todos el acceso al sistema de salud, a la educación y a la Justicia, sólo entonces podremos hacer destacar nuestra faceta positiva como especie. Y en ese orden de ideas, una Singularidad Tecnológica y una Conciencia Artificial que surjan de una sociedad humana socialista actuarán con compasión, amor y respeto por sus creadores, dándonos la oportunidad de un próspero futuro transhumanista, en el cual no existan las desigualdades sociales, ni las enfermedades, ni la pobreza o las guerras.

Así las cosas, a mi modo de ver, el socialismo, el respeto por la ley y la democracia, no se refieren simplemente a una “cuestión política”. La decisión entre el capitalismo y el socialismo democrático será nada más ni menos la cuestión que defina si nuestro futuro como especie será la extinción o la continuidad transhumanista. Como transhumanista convencido que soy, necesariamente debo optar por el socialismo.

Marzo 19 de 2016

San Francisco, California, Estados Unidos de América

Comentario por Marc Casañas (open peer-review):

Sobre tirar de socialismo o no, lo veo como la opción más ética pero teniendo claro que la basamos en nuestro conocimiento. Quizás para la I.A. futura el socialismo sea peor opción que el nazismo o una dictadura totalitaria (si miras efectividad es la que más, y seguramente ellos / as o “esos / as” no tendrían el mismo concepto moral que nosotros dado que no puedes matar de hambre a una máquina). No hay que volverse nihilistas extremos ojo. Pero también pensar el sesgo etnocéntrico que siempre llevamos colgando.

Siempre he pensado que tenemos que avanzar independientemente de nuestro miedo o que bajemos nuestras posibilidades de supervivencia. No me gustaría un mundo con cierto monopolio humano por nuestro temor a ser aniquilados. Siempre prevalecerá nuestro instinto de conservación, pero si las nanomáquinas son mejores; lo son. Y si nos ven como un peligro y nos eliminan que nos eliminen. No hay en ningún sitio escrito que al final del universo (si se vuelve a colapsar) estaremos nosotros. No es que desee como el agua en un día caluroso que nos extingamos, pero tampoco lucharía mucho para nuestra supervivencia ulterior e infinita. Antes me aliaría con las máquinas si me pudiesen otorgar algún tipo de “vida eterna” (conectar mi mente a la red o así). Seguramente me timarían de alguna forma dado que serían los putos amos / putas amas, pero me da igual.

 

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